Connect with us

Sucesos

El regreso de las masacres y la respuesta del gobierno.

En una semana, 13 jóvenes fueron asesinados en Valle y Nariño. El presidente Duque habla de reducir los homicidios en todo el país, pero hay quienes ven poca empatía por las tragedias, muertes violentas y víctimas del COVID-19, y dicen que todo queda en los discursos...

Escenas de dolor se vivieron ayer en Samaniego, en el funeral de los jóvenes asesinados durante el fin de semana. 

La masacre de Samaniego (Nariño), ocurrida la noche del sábado pasado, se suma a la preocupante lista de 32 masacres ocurridas en el país durante el año 2020, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Hombres armados abrieron fuego contra una reunión de estudiantes universitarios, dejando ocho jóvenes muertos y otros heridos.

El hecho ganó más resonancia porque hace unos días cinco menores fueron decapitados y sus cuerpos abandonados en un cañón en Cali, Valle.

Dos acciones en tan pocos días que despertaron los viejos fantasmas de un conflicto que parecía terminado, pero que resurgió ferozmente en distintos espacios de la geografía nacional.

La respuesta inicial del gobierno fue un billón por parte del presidente Iván Duque en la que “condenó” lo ocurrido en Samaniego y ordenó “al comandante del Ejército y al Director de Seguridad Ciudadana de la Policía viajar a la zona del crimen para encontrar a los perpetradores.

Posteriormente, se informó que el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, viajó a Nariño para presidir un consejo de seguridad extraordinario.

Luego del encuentro se ofreció una recompensa de US $ 200 millones a cambio de información y se señaló que esta zona es un campo de enfrentamiento entre grupos irregulares y delincuentes que quieren apoderarse del narcotráfico en la zona.

La última intervención la hizo el propio presidente, quien lamentó la situación y comenzó a hacer un diagnóstico de lo que está pasando en Nariño y alrededores: “Quiero hablarle claro al país. Estos hechos se están dando por el narcotráfico y por grupos que quieren ocupar el territorio con actividades ilícitas ”.

Luego protestó por la reducción del 11% en homicidios en lo que va de 2020 y también reveló que las estadísticas relacionadas con cultivos ilícitos, robos, secuestros y otros tipos de violencia están en declive.

Duque señaló que, de continuar así, “estaremos cerrando el año con la tasa de homicidios más baja en casi 40 años”. Lo que no dijo fue que sucedió en medio del bloqueo por la pandemia.

La respuesta dada por el Ejecutivo tuvo diferentes respuestas del mundo político. Por un lado, desde la bancada de gobierno, la senadora Paloma Valencia rechazó la masacre y apoyó lo que dijo el jefe de Estado: “Rechazamos las masacres que se están produciendo.

Requiere el fortalecimiento de nuestra Fuerza Pública, brigadas de jueces que resuelven los conflictos sociales y acaban con la justicia por sus propias manos. Programas que permitan a la comunidad eliminar cultivos ilícitos ”.

Por el lado de la oposición, el tema pasó directamente a la política del presidente sobre estos temas y se le dijo que en su gobierno hubo una reactivación de las masacres.

Ante la clara polarización de ambos sectores, El Espectador consultó a expertos de distintos orígenes políticos para analizar la respuesta que dio el gobierno de Duke a estas últimas masacres y otras ocurridas durante sus dos años de mandato.

“Un supercomunicador es inútil y quien va allí, si no hay aclaraciones”

Las posiciones son variadas, van desde las que apuntan al presidente con apatía ante las tragedias y una desconexión con el territorio, hasta las que dicen que más que los discursos de solidaridad y condena, lo importante fue la reacción inmediata que llevó a mover el jefes de la Fuerza Pública y el Ministro de Defensa de la zona.

“No es un fenómeno de casos aislados, ha habido 33 masacres este año. Eso asusta. Esto habla de un proceso de reaparición de la violencia y absoluta inacción desde un punto de vista ejecutivo y comunicativo ”, dijo Mario Morales, especialista en comunicación. Para él, la falta de pronunciamientos gubernamentales se debe a la falta de una estrategia de reacción clara.

Al mismo tiempo, Nadia Pérez, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana, continúa en esta línea, destacando que no es un problema de comunicación, sino que debe verse de una manera más estructural: “El Gobierno no parece cuidado, rechaza por requerimiento ”.

En este momento, el director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), Jorge Restrepo, garantizó que el problema radica en que el Gobierno no se está enfocando en las soluciones para el caso, sino en hacer un diagnóstico de seguridad.

“En general, las políticas públicas gubernamentales deben tener otras prioridades y otra forma de intervención. Debe pasar de un diagnóstico de la lucha contra el narcotráfico a un enfoque de seguridad posconflicto ”, agregó. Pérez habla del desconocimiento de las complejidades de cada territorio, simplificando los hechos violentos y clasificándolos como un problema de seguridad y narcotráfico. “Es un acto deliberado del Ejecutivo ignorar la dinámica territorial”.

En este punto, Héctor Riveros cree que “el Gobierno parece tranquilo si se encuentra una explicación. Dicen que es por narcotráfico ”, pero, garantiza, resulta que el Presidente no está para dar explicaciones, sino para proteger, es decir, se olvida del rol protector del Estado:“ Y si lo saben mucho, ¿por qué no hacer nada para evitarlo? “Concluyó Riveros, quien cuestionó la aparente falta de empatía de Duke en estos asuntos:” Tengo una impresión general, y es que en el ejercicio de su presidencia reveló un rasgo sorprendente, porque da la imagen de una buena persona, pero no es muy empático con las tragedias, muertes violentas y víctimas del COVID-19 ”.

Del otro lado está Daniel Mejía, profesor de economía en los Andes. Para este último, que consideró las últimas masacres como hechos que no deben minimizarse, la respuesta del mandatario ha sido oportuna, ya que ordenó a los dirigentes de la Fuerza Pública y del Ministerio de Defensa viajar al lugar de los hechos.

Aun así, destacó que la verdadera respuesta institucional a estos hechos va más allá de las palabras y los discursos, y deben ser hechos duros: “Un supercomunicador es inútil y quien va allí, si no hay aclaraciones”, dijo el académico, reiterando la tesis de que todo indica que es narcotráfico.

Las posiciones son diversas, pero el clima en la opinión pública requiere una mayor participación del presidente Duque en estos asuntos. Las masacres del año pasado han ido en aumento y son las mismas que en 2014, según información de la ONU.

La respuesta del gobierno se asemeja a un guión trillado de condolencias, extraordinarios consejos de seguridad y una recompensa millonaria. Pero la violencia continúa creciendo y cobrándose vidas, independientemente de que haya una pandemia o no.

Y en muchos territorios, luego de que las FARC se fueran por la firma de la paz, el Estado no ha podido llegar seguro y, sobre todo, institucionalmente.

Parafrasís/el espectador

Judiciales

Mataron a la esposa del líder social Álvaro Peña, asesinado la noche anterior en Arauca

foto tomada de google news

El homicidio de la mujer se produjo cuando ella se encontraba en la casa de su suegra enfrentando el duelo por el crimen de su pareja.

Un nuevo hecho de violencia se registró en la tarde de este miércoles, 26 de enero de 2022, en Arauca . Rosalba Carmenza Tarazona Ortega, esposa del líder comunal Álvaro Peña Barragán, asesinado en Tame durante la noche del día anterior, fue atacada a tiros y murió.

La esposa de Álvaro Peña se encontraba en la casa de su suegra en el municipio de Saravena, cuando hombres armados entraron a la vivienda y le dispararon. A través de su cuenta en Twitter, el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) confirmó el crimen.

El asesinato de Rosalba Carmenza Tarazona Ortega se produjo cuando intentaba reponerse, junto a amigos y familiares, del crimen de su esposo

Sigue Leyendo

Colombia

El Museo de Arte Moderno de Cartagena celebra 50 años con muestra de artistas colombianos

foto tomada de google news

El MAMC de Cartagena, ubicado en la Plaza San Pedro Claver, comienza la celebración de sus cincuenta años con dos exposiciones de arte contemporáneo, concebidas y gestadas durante el confinamiento. El Museo empezó a idearse en 1972 con una colección seleccionada por José Gómez Sicre y donada por la OEA, con piezas entre las que se encuentra uno de los primeros cóndores de Alejandro Obregón.

La primera de las muestras contemporáneas para la celebración es Esperanza, fortaleza y resiliencia, una colectiva de fotografía y pintura con un mensaje de cara a los nuevos retos, que reúne a la fotógrafa María Paulina Lleras y a las pintoras Paola López-Guerra y Clara Mejía. Mejía es una artista antioqueña que ha sido resaltada como “diestra colorista, así como en su hábil manejo de la veladura y la estructuración de una composición sólida que, sin embargo, no pierde la frescura del boceto”.

La segunda exposición, en las salas Hernando Lemaitre, es la individual Alter Realidad del artista visual antioqueño Daniel Estrada, que con influencias de Breton y Man Ray trabaja portales a realidades alternativas al encierro. Daniel Estrada es un artista que utiliza la fotografía como medio para construir escenas teatrales, con una estética llamativa en el uso de los elementos. Según la galería Casa Palma, en su trabajo se destaca el uso de la técnica del claroscuro, que le permite realizar composiciones, donde la fuerza de la negación del espacio y el manejo de la iluminación engrandecen la figura.

Ambas muestras fueron auspiciadas por las galerías antioqueñas de arte RA Consultores y AH Fine Art, las cuales son lideradas por el paisa Santiago Restrepo, bajo la curaduría de María del Pilar Rodríguez Saumet, la museografía de Salim Osta Lefranc y el montaje del Grupo Conservar.

Sigue Leyendo

Barranquilla

“Diario bajan hasta 12 cm del río Magdalena”: observatorio San Pedrito

foto tomada de google news

En este momento, el nivel del río Magdalena en la localidad del Atlántico Sur se encuentra en 4,82 metros debido a la estación seca que está afectando a los campesinos y ganaderos productores de esta localidad del departamento.

Desde el Observatorio San Pedrito, en el municipio de Calamar, indican que cada día los niveles descienden hasta en 12 cm.


“Diariamente está bajando 10 y 12 cm, está bajando de una manera impresionante. Hoy el nivel se ha mantenido en 4.82”, dijo Mariela Pino Villa, quien forma parte del Observatorio del Río en la estación San Pedrito.

En diciembre el nivel del río superó los 7 metros, por lo que la situación actual genera cautela en los agricultores de esta zona del Atlántico.

Sigue Leyendo

Tendencias